Resumenes, 1,2 y 3 del Libro El Hombre Mas Rico de Babilonia.
Resumen Capitulo 1.
El hombre que deseaba oro
Bansir, el fabricante de carros de la ciudad de Babilonia, se sentía muy desanimado. Su mente lenta daba vueltas a un asunto al que no encontraba solución alguna.
Así era Babilonia: una mezcla de suntuosidad y simplicidad, de cegadora riqueza y de terrible pobreza sin orden alguno en el interior de las murallas de la ciudad. Si se hubiera molestado en darse la vuelta, Bansir habría visto cómo los ruidosos carros de los ricos empujaban y hacían tambalearse tanto a los comerciantes que llevaban sandalias como a los mendigos descalzos.
Cada esclavo llevaba una pesada piel de cabra llena de agua que vertía en los jardines colgantes.
Bansir estaba demasiado absorto en su propio problema para oír o prestar atención al ajetreo confuso de la rica ciudad. Se dio la vuelta y vio el rostro expresivo y sonriente de su mejor amigo, Kobi el músico.
Que los dioses te bendigan con gran generosidad, mi buen amigo, dijo Kobi a modo de saludo.
Te ruego que me hagas el favor de sacar dos shekeles de tu bolsa, que debe estar bien llena, puesto que no estás trabajando en tu taller, y me los prestes hasta después del festín de los nobles de esta noche.
Si tuviera dos shekeles: respondió tristemente Bansir, no podría prestárselos a nadie, ni a ti, mi mejor amigo, porque serían toda mi fortuna. Nadie presta toda su fortuna ni a su mejor amigo. Exclamó Kobi sorprendido, ¿No tienes ni un shekel en tu bolsa y permaneces sentado en el muro como una estatua?
No te reconozco, amigo mío. ¿Dónde está tu energía desbordante?¿Te han causado los dioses algún problema?
Debe de ser un suplicio que me han enviado los dioses: comentó Bansir.
De mi cintura colgaba una bolsa repleta de pesadas monedas. Tenía shekeles que tiraba des preocupadamente a los mendigos. Un bello sueño en efecto, comentó Kobi, pero ¿por qué sentimientos tan placenteros te habían de convertir en una estatua colocada sobre el muro?
Porque en el momento que me he despertado y he recordado hasta qué punto mi bolsa se encontraba vacía, me ha invadido un sentimiento de rebeldía.
Vivimos en la ciudad más rica del mundo. Los viajeros dicen que ninguna otra ciudad la iguala.Tras haber pasado la mitad de tu vida trabajando arduamente, tú, mi mejor amigo, tienes la bolsa vacía y me preguntas: ¿Me puedes prestar una suma tan insignificante como dos shekeles hasta después del festín de los nobles de esta noche?
¿Digo que aquí tienes mi bolsa, y que comparto contigo su contenido? No, admito que mi bolsa está tan vacía como la tuya.
Durante todos estos años que hemos sido amigos, nunca habías hablado así, replicó Kobi intrigado.
Desde el alba hasta que me hacía parar la oscuridad he trabajado haciendo los más bellos carros que pueda fabricar un hombre, sin casi atreverme apenas a esperar que un día los dioses reconocerían mis buenas obras y me darían una gran prosperidad, lo que jamás han hecho.
Quiero poseer tierras y ganado, lucir bellas ropas y llenar mi bolsa de dinero.
respondió Kobi.
Nadie en la ciudad de Babilonia podría hacerla sonar mejor que tú, hacerla cantar tan melodiosamente que, no sólo el rey, sino los mismos dioses quedarían maravillados. Pasaron portadores de agua que venían del río, sudando y sufriendo por una estrecha calle. El hombre que los guía es hermoso, Kobi, indicó al hombre que tocaba la campana y andaba al frente de todos, sin carga. En su país es fácil encontrar a hombres hermosos.
Hombres altos y rubios del norte, hombres negros y risueños del sur y pequeños y morenos de los países vecinos. Todos caminan juntos del río a los jardines y de los jardines al río, cada día de cada año.
¡Me dan pena esos pobres animales, Bansir!
Es cierto, Kobi, pero no me gusta pensar en eso. No queremos seguir viviendo como esclavos año tras año.
Hoy mismo: añadió Kobi, me he cruzado con nuestro viejo amigo Arkad, que se paseaba en su carro dorado. En vez de eso ha hecho una señal con la mano para que los espectadores pudieran verle saludar y conceder el favor de una sonrisa amable.
Sí, dicen que es el hombre más rico de toda Babilonia, dijo Bansir. Tan rico, que si me lo encontrara de noche estaría tentado de vaciarle la bolsa.
La fortuna de un hombre no está en la bolsa que lleva consigo. Arkad tiene unos ingresos que mantienen su bolsa llena, gaste como gaste su dinero. Dijo Bansir, Arkad debe de saber cómo un hombre puede asegurarse una renta.
Kobi, lo que acabas de decir ha hecho nacer en mí una luminosa idea, un nuevo brillo apareció en los ojo de Bansir. Nada cuesta pedir un sabio consejo a un buen amigo, y Arkad siempre ha sido un amigo. Vayamos a ver a Arkad y preguntémosle cómo podríamos conseguir ganancias por nosotros mismos.
Hablas poseído por una auténtica inspiración, Bansir.
Vayamos hoy a ver a Arkad dijo Bansir.
Eres en verdad un amigo considerado, Bansir. Vayamos hoy a buscarlo y llevémoslo con nosotros.
Resumen Capitulo 2
El hombre mas rico de Babilonia
En la antigua Babilonia vivía un hombre muy rico que se llamaba Arkad. Su inmensa fortuna lo hacía admirado en todo el mundo. Pero su fortuna se acrecentaba cada año más de lo que podía gastar.
Un día, unos amigos de la infancia lo fueron a ver y le dijeron: Tu Arkad, eres mas afortunado que nosotros. Te has convertido en el hombre mas rico de Babilonia mientras que nosotros todavía luchamos por subsistir.
Si no habéis conseguido con qué vivir de manera sencilla desde los años de nuestra juventud los reprendió Arkad, es que habéis olvidado aprender las reglas que permiten acceder a la riqueza, o también puede ser que no las hayáis observado.
"La fortuna caprichosa " es una diosa malvada que no favorece siempre a las mismas personas.
Al contrario, lleva a la ruina a casi todos los hombres sobre los que ha hecho llover oro sin que hicieran esfuerzo alguno. Probablemente existen otros que pueden usar el oro que han ganado sin esfuerzo, hacerlo rendir y continuar siendo hombres felices y ciudadanos satisfechos. Pensad en los hombres que repentinamente han heredado fortunas y decidme si esto que os digo no es cierto.
Sus amigos pensaron que estas palabras eran verídicas, pues sabían de hombres que habían heredado fortunas.
En mi juventud -continuó-, miré a mi alrededor y ví todas las buenas cosas que me podían dar felicidad y satisfacción, y me di cuenta de que la riqueza aumentaba el poder de esos bienes.
La riqueza es un poder, la riqueza hace posible muchas cosas.
Permite, incluso, construir grandiosos templos para los dioses.
Cuando comprendí todo eso, me prometí que yo tendría mi parte de las cosas buenas de la vida. No me contentaría con la vida de un pobre hombre.
En lo que concierne al estudio, ¿No nos enseñó nuestro sabio profesor que posee dos niveles?
Pues ¿acaso no es sabio el querer aprovechar la vida mientras nos ilumina el sol, ya que la desgracia pronto se abatirá sobre nosotros en el momento que partamos hacia la negrura del mundo de los espíritus?
Encontré un puesto de escriba en la sala de archivos, en la que durante largas horas todos los días, trabajaba sobre las tablillas de barro, semana tras semana, mes tras mes; sin embargo, nada me quedaba de lo que ganaba.
Pero como sabía que mi amo no lo habría permitido, yo no tuve miedo y le pregunté: “Algamish, sois un hombre rico. Decidme cómo puedo hacerme rico y trabajaré toda la noche escribiendo en las tablillas para que cuando el sol se levante la ley esté ya grabada”.
Pasé toda la noche escribiendo, aunque me dolía la espalda y el mal olor de la lámpara me daba dolor de cabeza, hasta que casi ya no podía ni ver.
“Ahora, dije, cumple tu promesa.”
Y me dijo: Te diré lo que deseas saber porque me vuelvo viejo y a las lenguas viejas les gusta hablar, y cuando un joven se dirige a un viejo para recibir un consejo, bebe de la fuente de la sabiduría que da la experiencia. Demasiadas veces, los jóvenes creen que los viejos sólo conocen la sabiduría de los tiempos pasados y de ese modo no sacan provecho de ella.
“Las ideas de los jóvenes, continuó, son luces resplandecientes que brillan como meteoros que iluminan el cielo; pero la sabiduría del anciano es como las estrellas filas que lucen siempre de la misma manera, de modo que los marinos puedan confiar en ellas.”
“Pero puedo conservar todo lo que gano, ¿no?” dije.
¿No pagas al zapatero? ¿No pagas al sastre? ¿No pagas por la comida? Pagas a todo el mundo menos a ti. Lo mismo daría que fueras un esclavo y trabajaras para tu dueño, que te daría lo que necesitas para comer y vestir.”
“Si guardaras la décima parte de lo que ganas en un año, ¿cuánto tendrías en diez años?”
No compres al zapatero o al sastre más de lo que puedas pagar con lo que te quede, de modo que tengas suficiente para la alimentación, la caridad y la devoción a los dioses.”
“La riqueza, como el árbol, nace de una semilla. La primera moneda que ahorres será la semilla que hará crecer el árbol de tu riqueza.
Habiendo dicho esto, cogió sus tablillas y se fue.
Tras habituarme, casi ni me daba cuenta, pero a menudo estaba tentado de gastar mi tesoro, que empezaba a crecer, para comprar algunas de las buenas cosas que mostraban los mercaderes, cosas traídas por los camellos y los barcos del país de lo fenicios.
Doce meses después de la visita de Algamish, este volvió y me dijo: “Hijo mío, ¿te has pagado con la décima parte de lo que has ganado este año?”
“Bien, respondió contento, ¿qué has hecho con ella?”
“Se la he dado a Azmur el fabricante de ladrillos.
“Se aprende a golpes, gruñó, ¿cómo has podido confiar en un fabricante de ladrillos sobre una cuestión de joyas? Y la próxima vez, si quieres un consejo sobre joyas, ve a ver a un joyero. Quien pide consejo sobre sus ahorros a alguien que no es entendido en la materia habrá de pagar con sus economías el precio de la falsedad de los consejos.” Tras decir esto, se fue.
“Me he pagado regularmente, repliqué, y he confiado mis ahorros a Ager, el fabricante de escudos, para que compre bronce, y cada cuatro meses me paga los intereses.”
“Muy bien. ¿Y qué haces con esos intereses?”
Al oír eso, Algamish rió: “Te comes los beneficios de tus ahorros. ¿Cómo pueden producir a su vez más beneficios que trabajen para ti?
Cuando regresó, su rostro estaba cubierto de arrugas y tenía los ojos hundidos, ya que se estaba haciendo viejo.
Y yo respondí: “No, todavía no poseo todo lo que deseo, sólo una parte, pero obtengo beneficios que se están multiplicando.”
“¿Y todavía pides consejo a los fabricantes de ladrillos?”
Primero aprendiste a vivir con menos de lo que ganabas, después, aprendiste a pedir consejo a hombres que fueran competentes gracias a la experiencia adquirida y que quisieran compartir ésta, y finalmente has aprendido a hacer que tu dinero trabaje para ti.”
“Has aprendido por ti solo la manera de conseguir dinero, de conservarlo y de usarlo.
Así que fui a Nipur y me encargué de los negocios importantes, y como estaba lleno de ambición y había aprendido las tres reglas de gestión de la riqueza pude aumentar grandemente el valor de sus bienes.
Al oír todo lo que nos había contado le dijimos: Tuviste una gran suerte de que Algamish te hiciera su heredero.
Y nos dijo: ¿Creéis que la voluntad da al hombre la fuerza para levantar un fardo que no puede transportar un camello o que no que no puede tirar un buey?
Si me propongo que durante cien días, cada vez que pase por el puente que lleva a la ciudad cogeré una piedra y la tiraré al río, lo haré. Si el séptimo día pasó sin acordarme, no me digo que pasaré el día siguiente, tiraré dos piedras, y será igual. En vez de eso daré la vuelta y tiraré la piedra al río. El vigésimo día no me diré que todo esto es inútil, ni me preguntaré de qué sirve tirar piedras al río cada día: “podrías tirar un puñado de piedras y habrías acabado todo.” No, no diré eso ni lo haré, cuando me impongo un trabajo lo hago, de modo que procuro no comenzar trabajos difíciles o imposibles porque me gusta tener tiempo libre.
La riqueza aumenta cada vez que los hombres gastan sus energías, respondió Arkad. Si un hombre rico se construye un nuevo palacio, ¿se pierde el oro con el que paga? ¿Y el terreno sobre el que está construido no adquiere por este hecho más valor? Ningún hombre puede predecir su límite.
¿Qué nos aconsejas para que nosotros también nos hagamos ricos?, preguntó uno de los amigos. Los años han ido pasando, ya no somos jóvenes y no tenemos dinero que ahorrar.
Decíoslo cuando os levantéis, decíoslo al mediodía, decíoslo por la tarde, decíoslo cada hora de cada día.
Pronto conoceréis la agradable sensación de poseer un tesoro que sólo os pertenece a vosotros, que a medida que aumenta, os estimula. Cuando lleguéis a este punto, aprended a hacer trabajar vuestro oro para vosotros, hacedlo vuestro esclavo. Haced que los hijos de su esclavo y los hijos de sus hijos trabajen para vosotros. El hombre prudente no confía en recibir una gran suma de dinero si no lo ha visto antes.
Si la décima parte de lo que ganáis es una cantidad razonable que podéis ahorrar, contentaos con esa porción. La vida es bella y está llena de cosas buenas que podéis disfrutar.
Habían comprendido que Algamish había vuelto a la sala de los escribas para mirar atentamente a un hombre que se estaba trazando un camino hacia la luz.
Estos últimos fueron los que, durante los años siguientes, visitaron asiduamente a Arkad, quien los recibía con alegría. Les ayudó a invertir sus ahorros de modo que les dieran un interés seguro y no fueran malgastados en malas inversiones que no habrían dado ningún beneficio.
- Una parte de lo que ganais revierte en vosotros conservadla.
La gloria de Babilonia persiste; a través de los siglos, ha conservado la reputación de haber sido una de las ciudades más ricas y con más fabulosos tesoros.
Las riquezas de Babilonia son el resultado de la sabiduría de sus habitantes, que primero tuvieron que aprender la manera de hacerse ricos.
Cuando el buen rey Sargón regresó a Babilonia después de vencer a los elamitas, sus enemigos, se encontró ante una situación grave; el canciller real le explicó las razones de ello. Tras varios años de gran prosperidad que nuestro pueblo debe a su Majestad, que ha construido grandes canales de riego y grandes templos para los dioses, ahora que las obras se han acabado, el pueblo parece no poder cubrir sus necesidades. Los obreros no tienen trabajo, los comerciantes tienes escasos clientes, los agricultores no pueden vender sus productos, el pueblo no tiene oro suficiente para comprar comida. Me temo mucho que ha ido a parar a manos de algunos pocos hombres muy ricos de nuestra ciudad, respondió el canciller.
Porque saben cómo hacerlo, respondió el canciller.
¿Pero por qué no pueden todos los hombres aprender a hacer fortuna y así hacerse ricos?
Vuestra pregunta contiene su propia respuesta, Vuestra Majestad, ¿quién posee la mayor fortuna de la ciudad Babilonia?
Es Arkad el hombre más rico de Babilonia, tráemelo mañana, respondió su Majestad.
El día siguiente, como había ordenado el rey, se presento ante el Arkad, bien derecho y con la mente despierta.
Sólo un gran deseo de riqueza. Aparte de eso, nada. Esos babilonios monopolizan el dinero mientras la masa de ciudadanos no sabe cómo actuar para conservar una parte del oro que recibe en pago.
Deseo que Babilonia sea la ciudad más rica del mundo, y eso significa que debe haber muchos hombres ricos. Compartiré gustoso toda la ciencia que pueda poseer por el bienestar de mis conciudadanos y la gloria de mi rey. Haced que vuestro buen canciller me organice una clase de cien hombres y yo les enseñaré las siete maneras que han permitido que mi fortuna floreciera cuando no había en Babilonia bolsa más vacía que la mía.
Mira al hombre más rico de Babilonia, no es diferente de nosotros, susurró un estudiante al oído de su vecino cuando se levantó Arkad.
Por eso me esforcé por encontrar las maneras de llenar una bolsa y encontré siete. Os explicaré, a vosotros que os habéis reunido ante mí, estas siete maneras que recomiendo a todos los hombres que quieran conseguir dinero a espuertas.
Escuchad atentamente la ciencia que os voy a comunicar; debatid las cuestiones conmigo, discutidlas entre vosotros. Aprended estas lecciones a fondo para que sean la semilla de una riqueza que hará florecer vuestra fortuna.
Os mostraré maneras sencillas de llenar vuestra bolsa.
Siete maneras para llenar una bolsa vacía:
La primera manera
Empezad a llenar vuestra bolsa
En la primera manera Arkad se dirigió a un hombre que lo escuchaba atentamente desde la segunda fila.
Soy escriba, respondió el hombre, grabo documentos en tablillas de barro. Después habló a un hombre de rostro moreno que se encontraba más atrás.
Ya veis, queridos estudiantes, dijo cuando hubo terminado de hacer preguntas, que hay varios trabajos y oficios que permiten al hombre ganar dinero. Podemos decir que la fortuna es un río de monedas de plata, grandes o pequeñas según vuestra habilidad.
Todos estuvieron de acuerdo.
En ese momento Arkad se volvió hacia un hombre humilde que había declarado ser vendedor de huevos. ¿Qué pasará si tomas una de vuestras cestas y todas las mañanas colocas en ella diez huevos y por la noche retiras nueve?
¿Hay alguien aquí que tenga la bolsa vacía? preguntó.
De cada diez monedas que ganéis y guardéis en vuestra bolsa, retirad sólo nueve para gastar. Vuestra bolsa empezará a abultarse rápidamente, aumentará el peso de las monedas y sentiréis una agradable sensación cuando la sopeséis.
Así fueron mis comienzos, yo también he tenido la bolsa vacía y la he maldecido porque no contenía nada con lo que pudiera satisfacer mis deseos. Pero cuando empecé a sacar sólo nueve de cada diez monedas que metía, empezó a abultarse.
Cuando empecé a gastar sólo las nueve décimas partes de lo que ganaba: me arreglé igual de bien que cuando lo gastaba todo. Es seguramente una ley de los dioses, que hace que, para los que no gastan todo lo que ganan y guardan un parte es más fácil conseguir dinero, del mismo modo que el oro no va a parar a manos de quien tiene los bolsillos vacíos.
Las monedas que tomáis de vuestra bolsas os darán las primeras cosas; las que no retiráis, los segundos bienes que os he enumerado.
Este es, queridos estudiantes, el primer medio que he descubierto para llenar una bolsa vacía: de cada diez monedas que ganéis, gastad sólo nueve.
La segunda manera:
Controlad vuestros gastos
En esta segunda manera dejo Arkad. Algunos de vosotros me habéis preguntado lo siguiente: “¿Cómo puede un hombre guardar la décima parte de lo que gana cuando ni las diez décimas partes son suficientes para cubrir sus necesidades más apremiantes?” se dirigió Arkad a los estudiantes el segundo día.
¿Cuantos de vosotros teníais ayer una fortuna mas bien escasa?
Todos, respondió la clase.
Os diré una verdad que concierne a los hombres y a sus hijos: los gastos que llamamos obligatorios siempre crecen en proporción a nuestros ingresos si no hacemos algo para evitarlo. No confundáis vuestros gastos obligatorios con vuestros deseos. Todos vosotros y vuestras familias tenéis más deseos de los que podéis satisfacer. Usáis vuestro dinero para satisfacer, dentro de unos límites, estos deseos, pero todavía os quedan muchos sin cumplir.
Os digo esto para que comprendáis que los deseos germinan libremente en el espíritu del hombre cada vez que hay una posibilidad de satisfacerlos de la misma manera que las malas hierbas crecen en el campo cuando el labrador les deja un espacio.
Elegid los gastos que son obligatorios y los que están dentro de los límites de los nueve décimos de vuestros ingresos.
Estableced una lista de gastos obligatorios. Continuad trabajando según el presupuesto, continuad ajustándolo según vuestras necesidades. Que el presupuesto sea vuestro primer instrumento en el control de los gastos de vuestra creciente fortuna.
Yo mismo lo haré protestó el joven.
El objetivo del presupuesto es ayudar a aumentar vuestra fortuna; os ayudará a procuraros los bienes necesarios y, en cierta medida, a satisfacer parte de los otros, os hará capaces de cumplir vuestros mayores deseos defendiéndolos de los caprichos fútiles.
Presupuestad los gastos de modo que siempre tengáis dinero para pagar los que son inevitables, vuestras distracciones y para satisfacer los deseos aceptables sin gastar más de nueve décimos de vuestros ingresos.
La tercera manera:
Haced que vuestro oro fructifique.
En esta tercera manera volvió a decir Arkad. Que os habéis disciplinado para reservar una décima parte de vuestras ganancias y que habéis controlado vuestros gastos para proteger vuestro tesoro creciente.
La parte de nuestras ganancias que conservéis no es más que el principio y lo que nos produzca después: es lo que amasará nuestras fortunas. Así habló Arkad a su clase el tercer día.
¿Cómo podemos hacer que nuestro oro trabaje?, La primera vez que invertí dinero, tuve mala suerte porque lo perdí todo. La primera inversión provechosa que realicé fue un préstamo que hice a un hombre llamado Ager, fabricante de escudos.
El oro se amasa rápidamente cuando produce unos ingresos importantes como observaréis en la siguiente historia: un granjero llevó diez monedas de oro a un prestamista cuando nació su primer hijo y le pidió que las prestara hasta que el hijo tuviera veinte años. El prestamista hizo lo que se le pedía y permitió un interés igual a un cuarto de la cantidad cada cuatro años. El granjero le pidió que añadiera el interés al capital porque había reservado el dinero enteramente para su hijo.
Cuando el chico cumplió veinte años, el granjero acudió a casa del prestamista para preguntar sobre el dinero. El prestamista le explicó que las diez monedas de oro ahora tenían un valor de treinta y unas monedas porque gracias al interés que se ganaba sobre los intereses anteriores, la cantidad de partida se había acrecentado.
El granjero estaba muy contento y como su hijo no necesitaba el dinero, lo dejó al prestamista. Cuando el hijo tuviese cincuenta años y el padre ya haiga muerto, el prestamista devolvió al hijo ciento sesenta y siete monedas.
Es decir que, en cincuenta años, el dinero se había multiplicado aproximadamente por diecisiete.
La cuarta manera:
Proteged vuestros tesoros de cualquier perdida
En esta manera dijo Arkad la mala suerte es un círculo brillante. Es bueno guardar en lugar seguro las sumas pequeñas y aprender a protegerlas antes que los dioses nos confíen las más grandes dando a entender que tenemos que cuidar nuestro dinero.
Así habló Arkad a su clase el cuarto día.
A veces los amigos o familiares impacientes estarán ansiosos de ganar mucho dinero y participar de las inversiones y nos urgen a hacerlo. Estudiad minuciosamente la situación antes de separación de vuestro tesoro; cercioraos de que podréis reclamarlo con toda seguridad.
No le hagáis, sin saberlo, un regalo: el tesoro que tanto os ha costado reunir. Antes de invertir vuestro dinero en cualquier terreno, sed conscientes de los peligros que pueden presentarse.
Confié mis ahorros de un año a un fabricante de ladrillos que se llamaba Azmur, que viajaba por los mares lejanos y por Tiro, y que aceptó comprarme unas extrañas joyas fenicias. Hoy, la experiencia impediría que confiara la compra de joyas a un fabricante de ladrillos.
Proteged vuestro tesoro contra las pérdidas e invertid solamente donde vuestro capital esté seguro o donde podáis reclamarlo cuando así lo deseéis y nunca dejéis de recibir el interés que os conviene. Dejad que su sabiduría proteja vuestro tesoro de inversiones dudosas.
La quinta manera:
Haced que vuestra propiedad sea una inversión rentable
Acá les volvió a decir que si un hombre reserva una novena parte de las ganancias que le permiten vivir y disfrutar de la vida y si una de estas nueve partes puede convertirse en una inversión rentable sin perjudicarle, entonces sus tesoros crecerán con mayor rapidez.
La familia de un hombre no puede disfrutar plenamente de la vida a no ser que posea un terreno, que los niños puedan jugar en el campo o que la mujer pueda cultivar además de flores, sabrosas hierbas para perfumar la comida de su familia.
Si posee una casa en un barrio que lo enorgullezca, ello le infunde confianza y le anima a terminar todas sus tareas.
Cualquier hombre bienintencionado puede poseer una casa.
Queridos estudiantes, os digo que los prestamistas tienen en muy buen concepto a los hombres que buscan casa y tierras para su familia.
Y el hombre que posea casa propia será bendecido.
La sexta manera:
Asegurar ingresos para el futuro
Acá les explico que la vida de cada hombre va de la infancia a la vejez. Por este motivo declaro: El hombre es quien debe prever unos ingresos adecuados para su vejez y quien debe preparar a su familia para el tiempo en que ya no esté con ellos para reconfortarlos y satisfacer sus necesidades.
Un hombre puede prestar una pequeña suma de dinero al prestamista y aumentarla a intervalos regulares. Conozco a un fabricante de sandalias llamado Ausan que me explicó, no hace mucho tiempo, que cada semana, durante ocho años, llevó al prestamista dos monedas.
Seguro que si una contribución regular produce resultados tan provechosos, ningún hombre se puede permitir no asegurarse un tesoro para su vejez y la protección de su familia, sin importar hasta qué punto sus negocios e inversiones actuales son prósperos.
Creo que algún día habrá hombres que inventarán un plan para protegerse contra la muerte, los hombres sólo pagarán una cantidad mínima regularmente y el importe total constituirá una suma importante que la familia del finado recibirá. Actualmente no es posible porque tiene que continuar más allá de la vida de un hombre o de una asociación para funcionar correctamente. Creo que algún día existirá un plan como éste y será un gran bendición para muchos hombres porque hasta el primer pequeño pago pondrá a su disposición una cantidad razonable para la familia del miembro fallecido.
Pues la desgracia de un hombre incapaz de trabajar para ganarse la vida o de una familia sin cabeza de familia es una tragedia dolorosa.
Este es la sexta manera, de llenarse la bolsa: preved los ingresos para los días venideros y asegurad así la protección de vuestra familia.
La séptima manera:
Aumentad vuestra habilidad para adquirir bienes
En esta ultima manera les dijo Arkan a sus estudiantes queridos estudiantes, hoy voy a hablaros de una de las maneras más importantes de amasar una fortuna.
Voy a hablaros de las cosas de la mente y de la vida de los hombres que trabajan para o contra su éxito.
“Lo que necesitas, muchacho, le dije, es ganar más dinero.
Tenía un justo y gran deseo ganar más dinero.
Un hombre que desea cinco monedas de oro se ve empujado por un deseo tangible que tiene que culminar con urgencia. Una vez que ha aumentado su deseo de guardar en lugar seguro cinco monedas de oro, encontrará el modo de obtener diez monedas, luego veinte y más tarde mil; y de pronto se hará rico. Si aprende a fijarse un pequeño deseo bien definido, ello lo llevará a fijarse otro más grande; así es como se construyen las fortunas. De este modo el hombre aprende y se hace más hábil.
A medida que un hombre se perfecciona en su oficio, su remuneración aumenta. El hombre que espera aprender mejor su oficio será recompensado con creces.
Los negocios de un hombre cambian y prosperan porque los hombres perspicaces intentan mejorar para ser más útiles a sus superiores. Hay muchas obligaciones que llenan la vida de un hombre de experiencias gratificantes. El hombre que se respeta a sí mismo debe realizar estas cosas y las siguientes.
Estas son las siete maneras de hacer fortuna, extraídas de un larga y próspera experiencia de la vida, las recomiendo a los que quieran ser ricos. Avanzad y poned en práctica estas verdades; prosperad y haceos ricos, como os corresponde por derecho. Avanzad y enseñad estas verdades a todos los súbditos honrados de Su Majestad que quieren repartirse las grandes riquezas de nuestra bien amada ciudad.
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